Y a veces no sabía como hablarle, como empezarle a decir tantas cosas
que sentía y que por miedo a ello no decía.
No lo buscaba pero se lo encontraba hasta en los lugares más recónditos
y en los que jamás se imaginaba.
La llamaba cuando ella pasaba y así siempre. Ella ya lo ignoraba y se le
enfrento con la verdad y él se quedo callado y no lo negó aunque si
actuó de forma molesta, porque la verdad duele y más cuando sabe que
actúa mal.
Cuando se veían había esa tensión que por mucho que hubiese pasado el tiempo
desde aquella noche de mayo era como si nada ni el tiempo hubiese cambiado.
Sus ojos se quedaban fijamente mirando, sus manos hablaban y sus labios rozaban
los de ella como si nunca los hubiese rozado. Tan armoniosa melodía quedaba
casi siempre vacía en un abrazo de tantos otros en los que nada los unía pero
siempre ese gesto los separaba...
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